Solidagro
22/07/2010 25 PISTAS

La cinta se cortó, y una nueva edición de La Rural comenzó. Pero no es cualquier edición es la del Bicentenario y, para mí, la N° 25 de ininterrumpida asistencia. Para ir por primera vez a cubrir “la ganadera” me compré zapatos nuevos. Era tan importante asistir a ese evento del campo en la ciudad, micrófono en mano, que ameritaba embarrarse las suelas en un acto a puro estreno.

 

Fue en 1985. Aunque en el marco de una entidad centenaria como la Sociedad Rural Argentina, 25 años pueden parecer una nimiedad, no son menores los hechos históricos que cobijan los pasillos de la muestra que este año está embebida de los festejos bicentenarios de la patria.  

 

Cuando estrené aquellos zapatos, la pista era otra. Estaba–como sucede en el campo- sujeta a la buena voluntad del clima: si llovía, se inundaba y embarraba como pasa en los lotes. Aquellas exposiciones de camas y boxes de madera, quedaban armadas durante todo el año para poner al campo en exhibición durante 15 o 20 días.

 

En este tiempo, se hizo notable el avance tecnológico, no sólo para erguir en pocos días mega estructuras de stands y corrales; sino también en la forma de comunicarnos, algo básico para quienes supimos realizar la cobertura de La Ganadera cuando la sala de prensa era una casita con cabinas telefónicas y nos asignaban por turnos una línea para salir al aire.

 

Pero más allá de las cuestiones físicas, este espacio sigue siendo una porción de suelo del campo argentino en la ciudad. Y por cierto, no cualquier espacio sino uno de verdadera articulación política, social, económica y productiva.

 

El País, la pista y la tribuna

En 1985, todavía se percibía a flor de piel la llegada reciente de la democracia, la gente  se expresaba con ansiedad en la tribuna. Unos años después, me tocó presenciar una de las inauguraciones más emblemáticas: la que tuvo en el centro de la escena sectorial y política al entonces Presidente de la SRA, Guillermo Alchourón, y al Presidente de la Nación, Dr. Raúl Alfonsín. 

 

Los disgustos del sector agropecuario se expresaban con una silbatina que hacía eco bajo de miles de paraguas en la tribuna. El gobierno de Alfonsín se apuntalaba en la recomposición de las instituciones, pero económica y productivamente, los problemas se agudizaban al ritmo de una inflación del 10% mensual y los desacuerdos sobre el Plan Primavera. El de estos presidentes, fue uno de los cruces más polémicos. “A fines del año 89 tendremos un dólar libre y el sector gozará de ese cambio”, prometía Alfonsín, mientras la tribuna lo abucheaba. Alternados, Alchourón y él entablaron un debate candente frente a militantes rurales y radicales que se expresaban entre aplausos y silbidos.

 

El desfile de presidentes por el acto inugural se posicionó como el termómetro anual del vínculo entre el sector productivo y el gobierno. En la década del 90, Carlos Saúl Ménem, que había cedido a la SRA el Predio de Palermo, era protagonista de un curioso contraste: el campo transitaba por esos años una notable decadencia que se hacía evidente en los pasillos de la muestra. Sin embargo, era aplaudido en cada tribuna. Luego se habló de la troupe que iniciaba los aplausos y popularmente se los bautizó “los batatas”. Fernando De La Rúa pasó con silbatinas; pero pasó.

 

Y este pasar de presidentes resultaba ser más fundamental para el campo que sus discursos. Por ello se vio tan molesta la tribuna en 2002 cuando Duhalde no acudió al acto. "El campo esperaba que el Gobierno estuviera aquí.”, disparó el entonces Presidente de la SRA Enrique Crotto. La tribuna enardecía, como sucedió después con las ausencias de los Kirchner.

 

Pero luego de aquél histórico palco de Alfonsín-Alchourón hubo otro que marcó una vuelta de página en esta historia: el de 2008. El discurso del presidente de la Sociedad Rural, Luciano Miguens (el último de su mandato) estaba embebido del conflicto que recién se inauguraba con el gobierno. “Cuando se ofende al campo, se ofende al pueblo”, dijo y destacó: "Nuestra fortaleza radica en la convicción del bienestar general por eso el pueblo nos apoya. Promovemos el bienestar de las familias rurales de la región”. Los aplausos del palco y el corte de cinta estaban teñidos de un hecho histórico: los dirigentes de las cuatro entidades agropecuarias se mostraban en unidad, más allá de las diferencias que siempre los caracterizaron. Esa edición marcó para siempre una nueva articulación entre el campo y la ciudad.

 

Al margen de los gobiernos, el campo siempre consideró a este espacio una gran vidriera de sus producciones y así fue mostrando su evolución. La pista como ámbito de discusiones que se materializa sobre el final de la muestra, da cuenta del rol que este sector cumple en la esfera nacional. Qué deseable sería ver en un futuro no muy lejano sólo aplausos por los esfuerzos mancomunados entre el campo y el gobierno.

 

Historia y evolución

Pienso en cómo podría ser la pista y la tribuna si proyecto otros 25 años y si bien algo de su estética pueda evolucionar -como todo evoluciona-, lo que la pista representa política, sectorial y socialmente no va a cambiar. Hay lugares tradicionales e históricos que conservan su espíritu intacto pese al paso de los años, y así creo que va a suceder con éste que hoy acompaña un festejo bicentenario.  

Sólo me tocó vivir las 25 últimas ediciones y por más que intente describir con palabras lo que dentro de ella sucede; a la pista de La Rural hay que pisarla, porque no hay otra forma de sentir el campo que vivirlo.

 

Agro-noticias.com
Alejandro Cánepa